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Juan Antonio Serrano. Proceso de trabajo con Acuarela. Parte I

19 febrero, 2018 Ningún comentario

Publicamos la Parte I del proceso de trabajo con acuarela de ‘Una mañana de invierno’, la obra de nuestro compañero, Juan A. Serrano, profesor del Programa de Ilustración. Un artículo imprescindible donde, el mismo Juan, nos revela su fórmula de trabajo. Todo un regalo y, cómo no, lo compartimos con vosotr@s.

Proceso de trabajo con acuarela. Observando el encuadre.

Para la realización de esta ilustración, lo primero era aprovechar una de mis visitas al museo Sorolla. Suelo ir con cierta regularidad, cada cierto número de meses me paso por allí, no solo a ver el interior, sino a estar en los jardines. Dependiendo de la mañana (porque, eso sí, suelo ir siempre de mañana, donde las entradas de la luz por encima de los muros de la casa, hacen mayores los efectos luminosos), busco esquinas, suelos, paredes, que reflejen esa luz y sus contrastes oscuros.

Tomo notas y apuntes, y saco fotos, aunque el visionado directo de los efectos luminosos, no tiene nada que ver a verlo luego en fotografías. En los apuntes acentúo cierto contraste que luego exageraré en la ilustración, por lo que las fotografías me sirven de referencia, sobre todo para el dibujo, y no tanto para las siluetas de luces y sombras, las cuales, juego y modelo a mi antojo.

¡A dibujar!

Una vez, decidido el encuadre  para las escalinatas, me pongo a dibujar sobre papel Sennelier de grano fino, 100% algodón. Este dibujo, lo hago con mucho cuidado, con un portaminas de mina dura, para no apretar, ni manchar.

El soporte, pegado con celo a la mesa, para dibujar bien la perspectiva y sus puntos de fuga, que en este caso he variado, con respecto a las referencias. Aquí también, juego con la colocación de la línea de horizonte, y los puntos de fuga, buscando la escena más apropiada para el juego de luces posterior. Líneas finas y sin apretar, estos papeles son muy delicados y si emborronas con los lápices, luego la acuarela queda fea y sobada, por tanto, mucho cuidado. Hace años, dibujaba en folio, y luego calcaba, pero aprendí a controlar los trazos en el papel de acuarela, ahorrándome el proceso de calcar mi propio dibujo. No obstante, en algunas ocasiones, y debido al número de planos y elementos figurativos que hay que dibujar, si tengo que seguir el proceso de dibujar en folio, y luego calcar. Todo esto siempre que el acabado sea con técnicas tradicionales, porque si alterno el tradicional con el digital, el escaneo, ayuda a terminar el dibujo a línea.

Turno del color en el proceso de trabajo con acuarela

A continuación comenzamos con las acuarelas. Pinceles sintéticos, pero de buena calidad. Trabajo básicamente con tres pinceles muy finos, y otros tres con distintos grosores, más grandes para las aguadas de planos grales.

Siempre empiezo por los planos más alejados, es decir, de atrás hacia delante. Dejo para el final los planos más cercanos, o dependiendo del criterio de la composición, los elementos figurativos más importantes o más relevantes a la hora de visionar la composición. En las partes donde haya una luz muy potente, como es el caso de esta luz de mañana, dejo directamente el blanco del papel, preocupándome de ir pintando las siluetas de las sombras arbóreas sobre ese muro. En este caso, lo más importante es sacar el tono de esa sombra en la paleta.

La luz lo decide todo

Las sombras de invierno, tienden al púrpura, al azul cerúleo, por eso el mezclar hasta conseguir el tono grisáceo con caracteres púrpuras. No hago un solo tono de sombra, hago tres: todos tiran a gris, pero uno es púrpura, otro más violáceo y otro más cerúleo. El más usado va a ser el grisáceo púrpura, pero el violáceo lo aplicaré en las zonas de sombra más cercanas a las zonas de luz porque esa reminiscencia luminosa, de una luz blanca , y potente, determina una temperatura cálida, correspondiente a la luz solar, por eso, necesito un tono “cálido”, como sería ese violáceo que contiene magenta entre sus mezclas, aunque sea muy poco, que le da una temperatura superior según se acerca a la luz.

Una vez trabajada las zonas frías de sombra, procedo a pintar los detalles de los azulejos de la pared. Evidentemente no pinto de manera exacta cada azulejo, sino que me fijo en el tono y forma, más o menos visto en la lejanía, y voy manchando de manera suelta y aleatoria. Donde da la luz, a penas pinto nada, alguna pincelada suelta con un todo claro, y listo.

Para la ventana del sótano, lo primero es manchar la parte del fondo, con capas aguadas muy claras y luego oscureciendo con capas de acuarela un poco más densas. Todo esto, con cuidado de no meternos en las zonas de las barras, las cuales, tendrán un tono más frío. Una vez seca toda esa zona, con un bisturí haremos cortes con la cuchilla (estarcidos) para sacar las luces de los barrotes. También podríamos usar gouache, pero en este caso, el corte de bisturí transmite más potencia de luz y más brusquedad, que es lo que buscaba.

Seguimos con zonas todavía no pintadas, como por ejemplo, la ventana de arriba. Primero, con tonos claros azulados, es decir tonos rebajados con agua para conseguir la claridad de ese color, y luego dando pinceladas más densas para dar la variedad de ese color azulado. En las zonas de sombras proyectadas de los árboles, le añadimos algo de rojo o cualquier otro tono cálido, para oscurecer el tono medio y conseguir la sombra correspondiente. En estos casos, debido a la claridad de los tonos usados, hay que llevar cuidado de no añadir demasiado color complementario, por tanto debo controlar mucho la carga de agua y de acuarela del pincel para la zona en la que le aplico.

Parte I. Proceso de trabajo con acuarela ‘Una mañana de invierno’ Juan A. Serrano

 

 

 

 

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